NERVIO TERMINAL: EL PAR CRANEAL CERO
Douglas Fields, en 2007, describe un pequeño e ignorado nervio craneal que conecta con áreas cerebrales que controlan la reproducción. Una ballena sirvió de apoyo a científicos estadounidenses para demostrar el importante rol que juega este nervio, que no es un simple apéndice del nervio olfatorio, sino que su función es tan importante para la supervivencia, que aun en mamíferos cuya evolución había eliminado el olfato (ballenas, delfines) se mantiene activo.
Fields y su equipo confirmaron que este nervio no está conectado al bulbo olfatorio, sino que es independiente de éste. Se sabe que Nervio Cero es capaz de captar las feromonas de parejas potenciales y determinar si una persona nos es atractiva o no. Por otra parte, se conoce que facilita la liberación de la hormona liberadora de gonadotrofina, que es una hormona producida por el hipotálamo, cuyo centro de acción es la hipófisis. Lesiones del este nervio en roedores produce alteración de la conducta de apareamiento.
En el humano se ha demostrado la existencia de este nervio durante la vida prenatal y los primeros meses de vida extrauterina, involucionando hasta desaparecer casi por completo en el adolescente. Sin embargo, algunos autores aseguran que persiste en la vida adulta, percibiendo feromonas, explicando de esa manera las emociones intensas que se pueden manifestar con la presencia de otra persona desconocida, ya sea que nos agrade o nos disguste, sin tener explicación racional alguna.
Por esta vía se produciría la selección del individuo más adecuado para la fecundación. Las feromonas son sustancias químicas secretadas por un individuo con el fin de provocar un comportamiento determinado en otro de la misma especie. Son, por tanto, un medio de señales cuyas principales ventajas son el gran alcance y la evitación de obstáculos, puesto que son arrastradas por el aire. La Dra. Cultler del Instituno Athen de Pennsylvania, mostró por primera vez que las feromonas actúan en los humanos y probó que influencian las relaciones potenciando el deseo sexual. Las feromonas sólo actúan entre individuos de la misma especie y no se perciben de manera conciente si no que actúan directamente en el hipotálamo, parte primitiva del cerebro, encargada de las emociones y la excitación sexual.
El proceso comienza con la propagación de feromonas segregadas por la transpiración, las cuales son percibidas por un órgano situado en el tabique nasal llamado órgano vomeronasal, pasan por el Par Cero y llegan directamente al hipotálamo. Un famoso estudio halló que, olfateando camisetas sudadas, las mujeres preferían a varones cuyos genes MHC (Major Histocompatibility Complex) fueran distintos a los propios. Los genes MHC están presente en todas las especies de mamíferos, tienen un grupo de genes estrechamente ligados al rechazo o aceptación de transplantes o injertos de tejidos u órganos, de donde deriva su nombre de Complejo Principal de Histocompatibilidad. Las moléculas codificadas por el MHC intervienen de un modo central en el desarrollo de las respuestas inmunes específicas.
La lógica evolutiva de esto es que los hijos de padres con genes MHC distintos tendrán mejores sistemas inmunitarios. De ese modo, el sistema inmunológico ayuda a prevenir el escarceo sexual entre miembros de una misma familia, mientras que aumenta las defensas naturales de los individuos que han de nacer como producto de la unión entre un hombre y una mujer. Su meta es incorporar a la nueva “mezcla” una batería diferente de recursos genéticos, de modo que resulte más resistente a las infecciones ya vividas por ambos organismos progenitores.
Otros autores son más cautelosos en admitir los efectos de las feromonas y el Nervio Cero, señalando que este órgano se hizo menos importante con la evolución, aumentado las zonas cerebrales de la visión, vía por la que se produce la selección más adecuada para la fecundación.
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