miércoles, 3 de noviembre de 2010

REPRODUCCION ASEXUAL EN LA BOA CONSTRICTORA

Las boas constrictor pueden reproducirse sin necesidad de tener relaciones sexuales, según estudio

Los resultados de la investigación científica podrían replantear las teorías actuales sobre la reproducción de los reptiles
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Londres (EFE). Las boas constrictor pueden tener descendencia sin necesidad de mantener relaciones sexuales, según se afirma en un estudio de la Universidad de Carolina del Norte que se publica hoy en la revista científica Biology Letters .
Se trata de la primera vez que se demuestra que estas serpientes pueden reproducirse asexualmente, lo que podría replantear las teorías actuales sobre reproducción de los reptiles, particularmente entre especies primitivas como la boa constrictor.
CUESTIÓN DE GENÉTICA
Más sorprendentemente aún, los autores del estudio constataron que las serpientes nacidas de la reproducción asexual o partenogénesis tenían atributos cromosómicos que hasta ahora se consideraban inviables en circunstancias como estas.
Los cromosomas sexuales de las serpientes son ligeramente diferentes a los de los mamíferos . Las serpientes macho tienen dos cromosomas Z y las hembras tienen un cromosoma Z y un cromosoma W.
Sin embargo, en el estudio se constató que todas las serpientes hembra nacidas de la reproducción asexual tenían repetido el cromosoma W, un fenómeno que hasta ahora se consideraba imposible.
Solo mediante complejas manipulaciones genéticas en laboratorio se podrían producir hembras con cromosomas WW, algo que únicamente se ha conseguido en peces y anfibios, explicó el doctor Warren Booth, experto en entomología y principal responsable del estudio.
Booth señaló que las sorpresas no terminaron ahí, dado que en el plazo de dos años la misma serpiente alumbró dos series de crías, todas ellas hembras, con el doble cromosoma W, que presentaban en la piel la misma extraña mutación de color recesivo de la madre.
La reproducción asexual no fue producto de que esta boa no tuviera opción, indicaron los científicos, ya que convivió con serpientes macho que fueron observadas realizando el cortejo sexual.
Además, esta serpiente ya había tenido descendencia por la “vía tradicional” en una ocasión antes de pasarse a la partenogénesis.
Booth consideró que estos extraños nacimientos no fueron producto de cambios en el entorno de la serpiente, ya que durante el período expuesto no hubo variaciones en la rutina vital del reptil.
¿FENÓMENO DE LA NATURALEZA?
Otra hipótesis que manejan los estudiosos es que esta serpiente “sea una especie de bicho raro genético de la naturaleza”, aunque Booth expresó sospechas de que la partenogénesis en serpientes sea más habitual de lo que se pensaba hasta ahora.
“Reproducirse de las dos maneras podría ser la opción de salida evolutiva de las serpientes. En ausencia de machos apropiados, ¿por qué desperdiciar todos esos huevos cuando existe el potencial de producir semiclones de uno mismo?. Luego, cuando hay disponible un macho apropiado, se puede volver a la reproducción sexual”, dijo.
Booth, criador y apasionado de las serpientes, se ha quedado en propiedad una de las hembras del estudio, y a partir de ahora tiene la curiosidad de ver qué es lo que harán estos animales cuando alcancen la madurez sexual dentro de unos años.
Habrá que ver si están interesadas en cruzarse con un macho, si optarán por la partenogénesis, o si, como su madre, optan por las dos vías reproductoras. Lo que es seguro, salvo nueva sorpresa mayúscula, indicó Booth, es que cualquier bebe serpiente que alumbren también será hembra.

el par craneal cero: nervio terminal

NERVIO TERMINAL: EL PAR CRANEAL CERO

El nervio craneal cero, también llamado nervio terminal, es el último nervio aceptado en 1998. Consta de finos nervios parcialmente ramificados que se ubican a lo largo del tracto olfatorio.
Douglas Fields, en 2007, describe un pequeño e ignorado nervio craneal que conecta con áreas cerebrales que controlan la reproducción. Una ballena sirvió de apoyo a científicos estadounidenses para demostrar el importante rol que juega este nervio, que no es un simple apéndice del nervio olfatorio, sino que su función es tan importante para la supervivencia, que aun en mamíferos cuya evolución había eliminado el olfato (ballenas, delfines) se mantiene activo.
Fields y su equipo confirmaron que este nervio no está conectado al bulbo olfatorio, sino que es independiente de éste. Se sabe que Nervio Cero es capaz de captar las feromonas de parejas potenciales y determinar si una persona nos es atractiva o no. Por otra parte, se conoce que facilita la liberación de la hormona liberadora de gonadotrofina, que es una hormona producida por el hipotálamo, cuyo centro de acción es la hipófisis. Lesiones del este nervio en roedores produce alteración de la conducta de apareamiento.
En el humano se ha demostrado la existencia de este nervio durante la vida prenatal y los primeros meses de vida extrauterina, involucionando hasta desaparecer casi por completo en el adolescente. Sin embargo, algunos autores aseguran que persiste en la vida adulta, percibiendo feromonas, explicando de esa manera las emociones intensas que se pueden manifestar con la presencia de otra persona desconocida, ya sea que nos agrade o nos disguste, sin tener explicación racional alguna.
Por esta vía se produciría la selección del individuo más adecuado para la fecundación. Las feromonas son sustancias químicas secretadas por un individuo con el fin de provocar un comportamiento determinado en otro de la misma especie. Son, por tanto, un medio de señales cuyas principales ventajas son el gran alcance y la evitación de obstáculos, puesto que son arrastradas por el aire. La Dra. Cultler del Instituno Athen de Pennsylvania, mostró por primera vez que las feromonas actúan en los humanos y probó que influencian las relaciones potenciando el deseo sexual. Las feromonas sólo actúan entre individuos de la misma especie y no se perciben de manera conciente si no que actúan directamente en el hipotálamo, parte primitiva del cerebro, encargada de las emociones y la excitación sexual.
El proceso comienza con la propagación de feromonas segregadas por la transpiración, las cuales son percibidas por un órgano situado en el tabique nasal llamado órgano vomeronasal, pasan por el Par Cero y llegan directamente al hipotálamo. Un famoso estudio halló que, olfateando camisetas sudadas, las mujeres preferían a varones cuyos genes MHC (Major Histocompatibility Complex) fueran distintos a los propios. Los genes MHC están presente en todas las especies de mamíferos, tienen un grupo de genes estrechamente ligados  al rechazo o aceptación de transplantes o injertos de tejidos u órganos, de donde deriva su nombre de Complejo Principal de Histocompatibilidad. Las moléculas codificadas por el MHC intervienen de un modo central en el desarrollo de las respuestas inmunes específicas.
 La lógica evolutiva de esto es que los hijos de padres con genes MHC distintos tendrán mejores sistemas inmunitarios. De ese modo, el sistema inmunológico ayuda a prevenir el escarceo sexual entre miembros de una misma familia, mientras que aumenta las defensas naturales de los individuos que han de nacer como producto de la unión entre un hombre y una mujer. Su meta es incorporar a la nueva “mezcla” una batería diferente de recursos genéticos, de modo que resulte más resistente a las infecciones ya vividas por ambos organismos progenitores.
Otros autores son más cautelosos en admitir los efectos de las feromonas y el Nervio Cero, señalando que este órgano se hizo menos importante con la evolución, aumentado las zonas cerebrales de la visión, vía por la que se produce la selección más adecuada para la fecundación.